El granjero decidió llevar a cabo un experimento fascinante: puso un huevo de gallina común en el nido de unas águilas. Se quedó asombrado al ver cómo las águilas incubaban ese huevo como si fuera suyo.

Sin embargo, lo más interesante ocurrió cuando el polluelo salió del cascarón justo delante de las aves rapaces.
La pareja de águilas vivía en la granja desde que eran pequeños polluelos que el granjero había recogido del suelo. Como resultado, crecieron siendo aves bastante domesticadas. Aunque seguían cazando, siempre regresaban a la granja para anidar.
Un día, el granjero no pudo resistirse a probar su hipótesis. Con mucho cuidado, intercambió un huevo de águila por uno de gallina, colocando el de gallina en el nido de las águilas y el de águila con las gallinas. Unos días después, ambos polluelos nacieron…

Parecía que la gallina no sospechaba nada y alimentaba al nuevo polluelo como si fuera suyo. Sin embargo, las águilas claramente estaban confundidas y no aceptaron al polluelo adoptado en su grupo. Solo cuidaban a sus propios polluelos, ignorando al intruso.
El granjero no continuó con el experimento y rápidamente devolvió a los polluelos a sus nidos correctos. Las águilas reconocieron rápidamente a su polluelo y comenzaron a cuidarlo, mientras que la gallina, como si nada hubiera pasado, siguió incubando a su descendencia.

Este experimento mostró que las águilas posiblemente poseen un nivel de autoconciencia mucho más alto de lo que comúnmente se piensa en los animales.