Un perro llamado Mishka lleva ya 11 años viviendo al borde de la carretera. Durante todo este tiempo, ha llegado a conocer a todos los vecinos del lugar y se ha acostumbrado a ellos.

La gente incluso le construyó una caseta en la que se refugia de la lluvia y el frío.
Junto a la carretera, Mishka espera el regreso de su dueño. Hace 11 años, un hombre fue atropellado por un coche y falleció, pero el perro aún cree que tarde o temprano su amigo aparecerá, por lo que se niega a abandonar su sitio.
El perro ya se ha convertido en parte del paisaje habitual para los vecinos, pero hay algo a lo que nadie logra acostumbrarse: la mirada triste del animal dirigida hacia la carretera.
En varias ocasiones, personas compasivas lo han llevado a sus casas, pero Mishka siempre encontraba la manera de escaparse y, sin falta, regresaba a su lugar junto a la carretera, esperando fielmente a su dueño.

Los conductores que pasan también ayudan al perro. A menudo se detienen para darle comida, intentan hablarle y acariciarlo.
Mishka acepta la comida, pero tiende a mantenerse un poco distante de las personas, evitando acercarse demasiado, como si las muestras de cariño de extraños las percibiera como una traición a su amado dueño.
Se cuentan leyendas sobre la fidelidad canina, y Mishka es la prueba viva de que la lealtad en los animales no es una simple palabra vacía.

Los perros sufren profundamente la separación de las personas a quienes han llegado a amar, a veces nunca se acostumbran a la pérdida y esperan hasta su último aliento que su dueño regrese.
Esa fidelidad de los perros también implica una responsabilidad para sus dueños: al demostrar amor hacia el animal, recibirán un cariño inmenso a cambio, pero si alguna vez lo traicionan, quizás nunca obtengan su perdón.